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miércoles, 18 de mayo de 2016

Temas Pau 5 Pessoa. Teoría y antología poética

Tema Pau  5.1Pessoa y las vanguardias poéticas

Fernando Pessoa, su obra, y su singular personalidad tiene secretas relaciones con determinadas tendencias y preocupaciones de nuestro tiempo.
Las hondas transformaciones vividas por la conciencia intelectual y artística de fines del siglo XIX y comienzos del XX, enmarcan y hacen comprensibles aventuras poéticas individuales como la de Pessoa, que expresan una doble crisis; la quiebra de los valores religiosos, morales y estéticos tradicionales -crisis cuyas raíces pueden ser remontadas al siglo XVII-, y la crisis más próxima del racionalismo .
Todas estas tendencias, contradictorias entre sí, se hallan presentes en el complejo panorama de las vanguardias
Tal registro abarca, en un extremo, la herencia romántica y simbolista que engendra ironía, pesimismo. En el origen de todo esta el francés  Baudelaire;  En el otro extremo estaría, penetrada asimismo por el espíritu romántico, el Futurismo ,una literatura que expresa el vértigo de una nueva época, signada por el movimiento y la invención, la máquina, el cine, el automóvil.
Pessoa es típico representante de esa conciencia en crisis; pertenece, además, a un país latino (Portugal), fuertemente tradicional, y casi excéntrico a Europa, que fue imperio hasta 1910, realizando en ese año su revolución liberal, que implanta un estado republicano. Esas contradicciones político-culturales se suman a las de la vida personal de Fernando Pessoa, trasladado, de niño, desde Lisboa al Africa del Sur, e iniciado en la poesía a través de la lengua inglesa. Aquello que la sensibilidad corriente asimila sin complejos, suele generar conflictos profundos en la sensibilidad exacerbada de un artista. Conflictos, diferencias, alteraciones, marcan la génesis vital de una obra singular, pero a la vez muy representativa de su tiempo.
. Los poetas de la vanguardia -tal es su cuota innovadora- se hacen cargo de las nuevas conquistas de la ciencia, las nuevas filosofías y corrientes de sensibilidad que, a partir del 1900, cuestionan agudamente los sistemas racionales y progresistas del pensamiento decimonónico. Reactivan aproximaciones ya anunciadas entre poesía y ciencia; ensayan la inserción del pensamiento poético como filosofía de un tiempo nuevo; ponen en  cuestión dogmas y mitos que en ciertos casos se atreverán a reconstruir desde otro nivel.
Viven intensas y desgarradas aventuras de conciencia que dan lugar a nuevos modos de expresión, a nuevas técnicas. Curiosamente el nombre de Pessoa prefigura su mayor aportación vanguardista: los heterónimos. 
Pessoa es persona en portugués,  es decir máscara, personaje. Con humor y cierta cuota de desequilibrio que puede haber rozado lo patológico, el poeta construyó máscaras de sí mismo que hoy atraen la atención en mayor medida que su propia creación. (Pero recordemos que, como bien lo supo Platón, ningún poeta es del todo equilibrado en el sentido vulgar de la expresión)Dice el crítico y poeta Octavio Paz:
  “El tema de la enajenación y de la búsqueda de sí, en el bosque encantado (Alberto Caeiro) o en la ciudad abstracta (Alvaro de Campos) es algo más que un tema: es la sustancia de su obra. En esos años se busca; no tardará en inventarse”
El poeta es un hombre vacío que, en su desamparo, crea un mundo para descubrir su verdadera identidad. Toda la obra de Pessoa es búsqueda de la identidad perdida.
Pessoa, en grado más agudo, decide rotar sus heterónimos en una arriesgada experimentación. El propio Pessoa se definió como un histérico ­neurasténico, con propensión a la dramatización y a la abulia depresiva.
En numerosos escritos, el propio Pessoa da nombre a muchas de sus experimentaciones. Una de las más persistentes es el “sensacionismo”   o captación directa de la realidad a través de las sensaciones, de manera natural. El poeta que mejor representa esta estética es Alberto Caeiro.

Pero el heterónimo más rabiosamente vanguardista es Alvaro de Campos ,que transforma la nostalgia del comienzo(Caeiro) en una fascinación de estirpe futurista por  la máquina,  los objetos. Estos son unos  versos de la Oda Triunfal :




“Oh artículos inútiles que todos tienen deseos de comprar
Hola grandes almacenes con secciones variadas 
Hola anuncios luminosos que vienen están y desaparecen
............................
Os amo a todos, a todo, como una fiera,
os amo carnívoramente
……………
vosotras, oh cosas grandes, triviales, útiles, inútiles,
oh cosas del todo modernas
oh contemporáneas mías”

En éste, como en muchos poemas, Alvaro de Campos desborda románticamente en un estilo acumulativo, exclamativo y anafórico cuyo rasgo más moderno es la mención directa de los objetos. Nadie podría negar la presencia de la emoción poética, arraigada en la búsqueda de absoluto, en los versos de la Oda Marítima, que contraponen abiertamente los signos de la vida burguesa y la fuerza simbólica de los barcos que dejan el muelle: 
……………………………
Quiero ir con vosotros, quiero ir con vosotros
……………………………
huir con vosotros de la civilización 
¡perder con vosotros la noción de moral!
¡sentir que cambia mi humanidad en la lejanía!
……………………………
ir con vosotros, desnudarme -ah lárgate de aquí-
de mi traje de civilizado, de mi blando actuar
de mi miedo innato a las cárceles, de mi pacífica vida,
¡oh mi vida sentada, estática, reglada y ya vista!

Estos poemas los editó en la revista de vanguardia Orpheu. En abril de 1915 sale el primer número ; en julio, el segundo y último. El mismo nombre, Orpheu, ostenta la huella simbolista. El público recibió la revista con indignación. En el primer número apareció la Oda triunfal; en el segundo, la Oda marítima. Anticipan ambos el tono de  Tabaquería, y un tema de fondo,  la visión del poco peso del hombre frente al peso bruto de la vida social. El poeta no es un «pequeño Dios» sino un ser caído. Los poemas de Alvaro de Campos recuerdan a Whitman (por su aire bíblico arrebatado)y a Marinetti (el padre del futurismo italiano).
Alberto Caeiro y Alvaro de campos son dos polos de una experiencia al límite;
el primero  vive en el presente intemporal de los niños y los animales; el futurista Campos en el instante. Para el primero, su aldea es el centro del mundo; el otro, cosmopolita, no tiene centro, desterrado en ese ningún lado que es todas partes. Sin embargo, se parecen: los dos cultivan el verso libre; los dos atropellan el portugués; los dos no eluden los prosaísmos. No creen sino en lo que tocan, son pesimistas, aman la realidad concreta, no aman a sus semejantes, desprecian a las ideas y viven fuera de la historia, uno en la plenitud del ser, otro en su más extrema privación. Caeiro, el poeta inocente, es lo que no podía ser Pessoa; Campos, el dandy vagabundo, es lo que hubiera podido ser y no fue. Son las imposibles posibilidades vitales de Pessoa.
Conclusión
Leer a Pessoa es estar frente a la obra más inquietante de cuantas fueron escritas en el siglo XX, es el poeta, son los poetas y narradores, que fijaron la conciencia moderna en un mundo estremecido por la tecnología y la soledad en la multitud, ellos echaron abajo el edificio crítico del pensamiento romántico, para ingresar en un mundo donde los antiguos valores fueron discutidos a la luz de un nuevo orden político, económico y espiritual, y donde la religión ocupó un lugar marginal en la historia. Pessoa y sus autores, son ellos solos, una generación que pone en entredicho una escala de valores ya obsoleta, abre nuevas posibilidades en el ejercicio del pensamiento crítico y ensaya una manera nueva de enfrentar el hecho estético





Tema Pau 5.2  Pessoa y los heterónimos

(Biografemas

SSoledad/ incapaz de amor (“Cartas de amor ridículas”)/necesidad de escribir –escritura compulsiva / miedo a la locura, a haber heredado los problemas mentales de su abuela/pensamiento diferente/gran estudiante y gran lector/Vivía por encima de sus posibilidades/ “No sé lo que el futuro nos deparará”


“Tuve siempre, desde niño, la necesidad de incrementar el mundo con personalidades ficticias, sueños míos rigurosamente construidos, contemplados con claridad fotográfica, comprendidos por dentro de sus almas. No tenía yo más que cinco años, y, niño solitario y no deseando estar sino así, ya me acompañaban algunas figuras de mi sueño –un capitán Thibeaut, un Chevalier de Pas–.”)

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Tema

 traductor, astrólogo, médium, ensayista, vinculado a la vez a la vanguardia literaria y plástica y al ocultismo, Fernando Pessoa debe su extensa y casi enteramente póstuma notoriedad mundial a la vasta y variada obra poética que firmada por él mismo o atribuida a alguno de sus heterónimos –sobre todo Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos-, se difundió sobre todo a partir de su fallecimiento en Lisboa el día treinta de noviembre del año mil novecientos treinta y cinco.




Heterónimos

Un pseudónimo es un nombre ficticio que usa un autor para firmar una obra escrita por él mismo. Un autor homónimo es aquel que tiene el mismo nombre que otro autor, pero no es éste. Sin embargo un heterónimo se diferencia claramente de éstos. Pessoa es una persona muy particular, que desde su infancia había experimentado y logrado una multiplicidad del yo. Él mismo no era tan sólo él, sino que vivía de distintas maneras de acuerdo a quién era. Podría atribuirse  esto a  una esquizofrenia o personalidad múltiple. Cada nombre, cada personalidad, era una vida completamente distinta, cada uno con su biografía, sus enfoques temáticos, y sus formas de escritura particulares. Es de esta manera que Pessoa, deja de ser un yo único, para ser una especie de recipiente de diferentes vidas, personas, y personalidades. Y a aquel creador de heterónimos, para diferenciarlo de éstos y reconocerlo como creador se le llama ortónimo. Pessoa tiene curiosidad por sí mismo, su propio nombre no es su interés principal. Su vida ha tenido siempre un horror a los pensamientos definidos. Por eso sus escritos permanecieron siempre inacabados. Heterónimos ha creado muchos, unos 77, aunque hay personas que afirman que en realidad fueron un total de 127. Algunos fueron efímeros, algunos hombres y otras mujeres. Pero los más característicos han sido Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos.



Alberto Caeiro, nació en Lisboa, Portugal en abril de 1889. Fue un campesino, considerado el maestro de los heterónimos, incluso por su ortónimo Pessoa. Residió gran parte de su vida en una quinta en Ribatejo, viviendo de una renta modesta, allí conoció a Álvaro de Campos. Su educación se limita a la instrucción primaria, lo cual concuerda con su naturalidad y simplicidad. Era rubio de ojos azules, estatura media, un poco más bajo que Ricardo Reis, y aunque no lo aparentara era realmente frágil. Su descripción es muy diferente a la de otros heterónimos. Falleció de tuberculosis en 1915. Es conocido también como poeta-filósofo, aunque rechazaba ese título y pregonaba una “no-filosofía”. Creía y afirmaba que los seres simplemente son y nada más, irritado por la metafísica y los simbolismos de la vida. Un hombre considerablemente humilde y seguro de sus ideas. Poseía un lenguaje estético directo, concreto y simple, pero bastante complejo desde el punto de vista reflexivo, y clara espontaneidad expresiva. Es un ser manifiestamente defensor  de la simplicidad, serenidad y nitidez de las cosas. Un 8 de marzo escribe de corrido más de 30 poemas conocidos como El guardador de rebaños. La obra de Caeiro representa una reconstrucción integral del paganismo en su esencia absoluta. Se presenta como poeta de las sensaciones: su poesía se asienta en la sustitución del pensamiento por la sensación. Es el poeta de la naturaleza y la actitud antimística.

Ricardo Reis, Médico de profesión, monárquico —circunstancia que lo llevó a vivir emigrado algunos años en Brasil—, educado en un colegio de jesuitas, recibió una formación clásica, llena de principios conservadores. Domina la forma de los poetas latinos y proclama la disciplina en la construcción poética. Ricardo Reis está marcado por una inmensa serenidad en la aceptación de la relatividad de todas las cosas. Es moreno, de estatura media, un poco más alto que Caeiro, camina algo curvado y  tiene apariencia de judío portugués. Es adepto del “sensacionismo” que hereda del maestro Caeiro, pero al aproximarlo al neoclasicismo lo manifiesta en un plano distinto. Fernando Pessoa dice “Caeiro tiene una disciplina: las cosas tienen que ser sentidas tal como son. Ricardo Reis tiene otra disciplina diferente: las cosas deben ser sentidas, no sólo como son, también de modo que se integren en un cierto ideal de medida y reglas clásicas.” Busca su forma de expresión en los poetas latinos y afirma que debe de haber, en el más pequeño poema de un poeta, cualquier cosa donde se note que existió Homero.
 


Álvaro de Campos, ingeniero, nacido en Tavira en 1890. Estudió en Escocia y se formó en Glasgow en ingeniería naval. Fue a Oriente y navegando por el Canal de Suez, escribió el poema Opiário. Su desilusión lo llevó a regresar a Portugal, donde conoció al maestro Caeiro. “Lo que el maestro Caeiro me enseñó fue a tener claridad, equilibrio, organismo en el delirio y en la locura y también me enseñó a procurar no tener filosofía ninguna, pero con alma”. Se aleja del objetivismo de su maestro al aproximarse a movimientos modernistas, tales como el sensacionismo y el futurismo. Percibe las sensaciones distanciándose del objeto y centrándose en el sujeto. Un subjetivismo que acabará por encaminarse en la conciencia del absurdo, la experiencia del tedio, la desilusión, y la fatiga. Álvaro de Campos experimentará la civilización y admirará la energía y la fuerza, transportándolas al dominio de su creación poética. Es el poeta modernista que escribe las sensaciones de la energía y del movimiento, así como las sensaciones de sentir todo de todas las maneras.

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Pruebas Pau 

2014 julio fase general

TEXTO: Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fuesen ridículas. También escribí en mis tiempos cartas de amor, como las demás, ridículas. Las cartas de amor, si hay amor, tienen que ser ridículas. Pero, al final, Sólo las criaturas que nunca han escrito Cartas de amor Son las que son Ridículas. Quien volviera al tiempo en que escribía sin darme cuenta cartas de amor ridículas. La verdad es que hoy mis recuerdos de aquellas cartas de amor son los que son ridículos. (Todas las palabras esdrújulas, igual que los sentimientos esdrújulos1 , son naturalmente ridículas.) 1 Juego de palabras, o paranomasia, intraducible: el portugués esdrúxulo significa también extravagante. Fernando Pessoa (Álvaro de Campos)

Primera pregunta: Pessoa, el ortónimo y sus heterónimos. (2 puntos)
 Segunda pregunta: Recuerde alguna creación (literatura, cine, televisión, etc.) en la que tengan alguna presencia las cartas u otras formas de mensajes personales y coméntela en relación con el contenido del poema (2 puntos)
Tercera pregunta: Exprese brevemente, con sus propias palabras, la actitud del sujeto que habla en el poema. (2 puntos)
Cuarta pregunta: Haga una valoración del poema y de la poesía de Álvaro de Campos en relación con el resto de la obra de Fernando Pessoa que conozca aplicando criterios literarios, sociológicos, psicológicos, etc. (2 puntos)


Junio 2014 fase específica


He vivido, estudiado, amado, y hasta creído, y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo. Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira, y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído (porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso); puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente. He hecho de mí lo que no sabía, y lo que podía hacer de mí no lo he hecho. El dominó que me puse estaba equivocado. Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí. Cuando quise quitarme el antifaz, lo tenía pegado a la cara. Cuando me lo quité y me miré en el espejo, ya había envejecido. Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado. Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario como un perro tolerado por al gerencia por ser inofensivo y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime. […] Fernando Pessoa (Álvaro de Campos), Tabaquería

Primera pregunta: Pessoa y las vanguardias poéticas. (2 puntos)
 Segunda pregunta: A partir de los versos citados (o del poema completo) evoque el contenido de alguna creación literaria o artística que conozca y haga un comentario sobre sus semejanzas y diferencias. (2 puntos)
 Tercera pregunta: Exprese brevemente, con sus propias palabras, los sentimientos que pueda apreciar en Tabaquería. (2 puntos)
Cuarta pregunta: Haga un comentario razonado sobre el valor, la importancia y el interés del poema y de la poesía de Álvaro de Campos en general.(2 puntos)


2013 junio fase específica
Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿para comprar tabaco?), Y la realidad plausible cae de repente sobre mí. Me yergo a medias enérgico, convencido, humano, Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario. Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos. Sigo el humo como una ruta propia, Y gozo, en un momento sensitivo y competente, La liberación de todas las especulaciones Y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar indispuesto. Después me echo para atrás en la silla Y continúo fumando. Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando. (Si me casase con la hija de mi lavandera Tal vez fuese feliz.) Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana. El hombre salió de la Tabaquería (¿metiendo el cambio en el bolsillo de los pantalones?). Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica. (El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.) Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio. Me dijo adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo Se reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería sonrió. Fernando Pessoa
 (Álvaro de Campos), Tabaquería
Primera pregunta: Pessoa y las vanguardias poéticas. (2 puntos)
Segunda pregunta: A partir de los versos citados (o del poema completo) evoque el contenido de alguna creación literaria o artística que conozca y haga un comentario sobre sus semejanzas y diferencias. (2 puntos)
Tercera pregunta: Caracterice brevemente la actitud existencial de la persona que se expresa en el poema y explique si puede servir para caracterizar su propia actitud en algún momento o la de alguien a quien conozca. (2 puntos)

 Cuarta pregunta: Haga una valoración razonada del poema atendiendo a los aspectos psicológicos, existenciales, artísticos u otros que considere relevantes. (2 puntos)


junio 2013  fase general
Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra, a la luz de la luna y al sueño, en la carretera desierta, conduzco solo, conduzco casi despacio, y un poco me parece, o me fuerzo un poco para que me parezca, que voy por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo, que voy sin haber Lisboa dejada o Sintra a la que llegar, que voy, ¿y qué más habrá en ir sino no pararse pero ir? Voy a pasar la noche a Sintra porque no puedo pasarla en Lisboa, pero, cuando llegue a Sintra, me dará pena no haberme quedado en Lisboa. Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia, siempre, siempre, siempre, esta angustia excesiva del espíritu por nada, en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida… […] En la carretera de Sintra, a la luz de la luna, en la tristeza, ante los campos y la noche, guiando desconsoladamente el Chevrolet prestado, me pierdo en la carretera futura, desaparezco en la distancia que alcanzo, y, con un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible, acelero… Pero mi corazón se ha quedado en el montón de piedras, del que me he desviado al verlo sin verlo, a la puerta de la casucha, mi corazón vacío, mi corazón insatisfecho, mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida. En la carretera de Sintra, cerca de medianoche, a la luz de la luna, al volante, en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación, en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra, en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí… Fernando Pessoa (Álvaro de Campos)

 Primera pregunta: Pessoa, el ortónimo y sus heterónimos. (2 puntos)
Segunda pregunta: Evoque algún texto o producto artístico o cultural (película, canción, cómic,…) que recree una situación semejante a la que plasma el poema y comente las semejanzas. (2 puntos)
Tercera pregunta: Si ha vivido una situación de la misma naturaleza que la desarrollada por el poema, intente expresar su sentimiento con ayuda del mismo. En caso contrario, exprese con sus propias palabras los sentimientos del poema. (2 puntos)
Cuarta pregunta: Valore el poema, de manera razonada, por su estilo, su musicalidad, su capacidad expresiva, por su originalidad respecto a los que usted conozca y por cualquier otra circunstancia que le parezca significativa. (2 puntos)


2012  julio fase general
OPCIÓN B: TEXTO: NO SOY nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo. Ventanas de mi cuarto, De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe quién es (Y si supiesen, ¿qué sabrían?), Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente, A una calle inaccesible a todos los pensamientos, Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta, Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres, Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace blancos los cabellos de los hombres, Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de nada. Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad. Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir, Y no tuviese más hermandad con las cosas Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la calle La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida Dentro de mi cabeza, Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al arrancar. Estoy hoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó. Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera, Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro. Fallé en todo. Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada. El aprendizaje que me dieron, Descendí por la ventana trasera de la casa. Fui al campo con grandes propósitos. Pero allí sólo encontré yerbas y árboles, Y cuando había gente era igual a la otra. Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de pensar? ¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy? …..

 Primera pregunta: Pessoa y las vanguardias poéticas. (2 puntos)
Segunda pregunta: Evoque a partir del poema completo, de un grupo de versos o de un solo verso alguna creación literaria o artística y comente su significado. (2 puntos)
Tercera pregunta: Caracterice brevemente la actitud existencial de la persona que se expresa en el poema y explique si puede servir para caracterizar su propia actitud en algún momento o la de alguien a quien conozca. (2 puntos)
 Cuarta pregunta: Exponga algunas razones de índole artística, sociohistórica, psicológica o ética por las que merezca o no la pena la lectura de la poesía de Pessoa y, en especial, el poema Tabaquería. (2 puntos)
Selección de poemas de Fernando Pessoa

Del Cancionero de Fernando Pessoa:
Autopsicografía
Libertad  (No incluido en la Antología de Ángel Crespo). Se incluye en este documento.

Del heterónimo Alberto Caeiro:
Nunca guardé rebaños.
Soy un guardador de rebaños
En mi plato, ¡qué mezcla de naturaleza!
No siempre soy igual en lo que digo y escribo
Si a veces digo que las flores sonríen
Si muero pronto. (No incluido en la Antología de Ángel Crespo). Se incluye en este documento.

Del heterónimo Ricardo Reis:
Ven a sentarte conmigo, Lidia...
Las rosas del jardín de Adonis amo.
Para ser grande, sé entero

Del heterónimo Álvaro de Campos:
Lisbon revisited
Tabaquería
Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra
Todas las cartas de amor son
Poema en línea recta

Del heterónimo Fernando Pessoa



CANCIONERO de Fernando Pessoa


AutopsicografÍa


El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.
            
Y quienes leen lo que escribe,
Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta vive
Sino aquél que no han tenido.
            
Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.




Libertad


 (Falta una cita de Séneca)
¡Ay qué placer
No cumplir un deber,
Tener un libro para leer
¡Y no hacerlo!
Leer es una lata,
Estudiar es nada.
El sol dora
sin literatura.
El río corre bien o mal,
Sin edición original.
Y la brisa, ésa,
de tal naturalmente matinal,
como tiene tiempo, no tiene prisa...
Libros son papeles pintados con tinta.
Estudiar es una cosa en que está indistinta
la distinción entre nada y cosa ninguna.
¡Cuánto mejor es cuando hay bruma,
esperar a D. Sebastián,
¡venga o no venga!
Grande es la poesía, la bondad y las danzas...
Pero lo mejor del mundo son los niños,
las flores, la música, el claro de la luna y el sol,
que peca
sólo cuando, en vez de crear, seca.
Por encima de todo esto
está Jesucristo,
que no sabía nada de finanzas,
ni consta que tuviese biblioteca...
 
Fernando Pessoa, Cancioneiro
Traducción de Miguel Angel Viqueira 





Del heterónimo Alberto Caeiro



Nunca guardé rebaños


Nunca guardé rebaños,
pero es como si los guardara.
Mi alma es como un pastor,
conoce el viento y el sol
y va de la mano de las Estaciones
siguiendo y mirando.
Toda la paz de la Naturaleza sin gente
viene a sentarse a mi lado.
Pero me pongo triste como una puesta de sol
para nuestra imaginación,
cuando refresca en el fondo de la llanura
y se siente que la noche ha entrado
como una mariposa por la ventana.

Pero mi tristeza  es sosiego
porque es natural y justa
y es lo que debe haber en el alma
cuando piensa que existe
y las manos cogen flores sin darse cuenta.

Como un ruido de cencerros
más allá de la curva del camino, 
mis pensamientos están contentos.
Sólo me apena saber que están contentos,
porque, si no lo supiera,
en vez de estar contentos y tristes,
estarían alegres y contentos.
Pensar es incómodo como andar bajo la lluvia
cuando el viento crece y parece que llueve más.

No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es sólo mi manera de estar solo. (…)

 Si pudiera morder la tierra entera
y sentir su sabor,
y si la tierra fuera algo para morder
sería más feliz un instante…
Pero no siempre quiero ser feliz.
Hace falta ser infeliz de vez en cuando
para poder ser natural…
No todo es días de sol,
y la lluvia, cuando escasea, se pide.
Por eso tomo la infelicidad y la felicidad
con naturalidad, como quien no se extraña
de que haya montañas y llanuras
y de que haya rocas y hierba…

Lo que sí hace falta es ser natural y calmo
en la felicidad o en la infelicidad,
sentir como quien mira,
pensar como quien anda,
y cuando se va a morir, acordarse de que el día muere,
y que el poniente es hermoso y hermosa la noche que queda…
Y que si así es, es porque es así. (…)

A veces, en días de luz perfecta y exacta,
en que las cosas tienen toda la realidad que pueden tener,
me pregunto a mí mismo despacio
por qué siquiera atribuyo
belleza a las cosas.

¿ Una flor tiene acaso belleza?
¿ Tiene belleza acaso un fruto?
No: tienen color y forma
y existencia tan sólo.
La belleza es el nombre de algo que no existe
y que doy a las cosas a cambio del agrado que me dan.
No significa nada.
Entonces, ¿por qué digo de las cosas: son bellas?

Sí, incluso hasta mí, que vivo solamente de vivir,
vienen invisibles a encontrarme las mentiras de los hombres
ante las cosas,
ante las cosas que simplemente existen.

¡Qué difícil ser uno mismo y no ver sino lo visible!




Soy un guardador de rebaños

Soy un guardador de rebaños.

El rebaño es mis pensamientos
y todos mis pensamientos son sensaciones.

Pienso con los ojos y con los oídos
y con las manos y los pies
y con la nariz y la boca.
Pensar una flor es verla y olerla
y comerse una fruta es conocer su sentido.

Por eso cuando, en un día de calor,
me siento triste de disfrutarlo tanto,
y me acuesto estirado en la hierba,
y cierro los ojos calientes,
siento a todo mi cuerpo acostado en la realidad,
sé de verdad y soy feliz.




En mi plato, ¡qué mezcla de Naturaleza!

Mis hermanas las plantas,
Las compañeras de las fuentes, las santas
A quien nadie reza...
Y las cortan y vienen a nuestra mesa
Y en los hoteles los huéspedes ruidosos,
Que llegan con correas envolviendo mantas
Piden «Ensalada», descuidados...,
Sin pensar que exigen a la Tierra Madre,
Su frescura y sus hijos primogénitos,
Las primeras palabras verdes que ella tiene,
Las primeras cosas vivas e iridiscentes
Que Noé vio
Cuando bajaron las aguas y la cima de los montes
Verde y alagada surgió
Y en el aire por donde apareció la paloma
El arcoiris se esfumó...



No siempre soy igual

No soy igual en lo que digo y escribo.
Cambio, pero no cambio mucho.
El color de las flores no es el mismo bajo el sol
que cuando una nube pasa
o cuando entra la noche
y las flores son color de sombra.
Pero quien mira ve bien que son las mismas flores.
Por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo
fijaros bien en mí:
si estaba vuelto para la derecha
me volví ahora para la izquierda,
pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies.
El mismo siempre, gracias al cielo y a la tierra
y a mis ojos y oídos atentos
y a mi clara sencillez de alma.




Si a veces digo que las flores sonríen

Y si dijera que los ríos cantan,
no es porque yo crea que hay sonrisas en las flores
y cantos en el correr de los ríos...
es porque así hago sentir más a los hombres falsos
la existencia verdaderamente real de las flores y de los ríos.

Porque escribo para que ellos me lean me sacrifico a veces
a su estupidez de sentidos...
No concuerdo conmigo pero me absuelvo,
Porque sólo soy esa cosa seria, un intérprete de la Naturaleza,
Porque hay hombres que no perciben su lenguaje,
porque ella no es ningún lenguaje.




Si muero pronto

Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.

Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.

Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.







Del heterónimo Ricardo Reis


Ven a sentarte conmigo, Lidia...


Ven a sentarte conmigo, Lidia
a la orilla  del río.
Con sosiego miremos su curso
y aprendamos que la vida pasa,
y no estamos cogidos de la mano.
(Enlacemos las manos.)
Pensemos después, niños adultos,
que la vida pasa y no se queda,
nada deja y nunca regresa,
va hacia un mar muy lejano,
hacia el pie del Hado,
más lejos que los dioses.

Desenlacemos las manos,
que no vale la pena cansarnos.
Ya gocemos, ya no gocemos,
pasamos como el río.
Más vale que sepamos pasar
silenciosamente y sin desasosiegos.

Sin amores, ni odios, ni pasiones
que levanten la voz,
ni envidias que hagan a los ojos
moverse demasiado,
ni cuidados, porque si los tuviese
el río también correría,
y siempre acabaría en el mar.

Amémonos tranquilamente,
pensando que podríamos,
si quisiéramos,
cambiar besos y abrazos y caricias,
mas que más vale estar sentados
el uno junto al otro
oyendo correr al río y viéndolo.

Cojamos flores, cógelas tú y déjalas
en tu regazo, y que su perfume suavice
este momento en que sosegadamente
no creemos en nada,
paganos inocentes de la decadencia.

Por lo menos, si yo fuera sombra antes,
te acordarás de mí
sin que mi recuerdo te queme
o te hiera o te mueva,
porque nunca enlazamos las manos,
ni nos besamos
ni fuimos más que niños.

Y si antes que yo llevases el óbolo
al barquero sombrío,
no sufriré cuando de ti me acuerde,
a mi memoria has de ser suave
recordándote así, a la orilla del río,
pagana triste y con flores en el regazo.




Las rosas del jardín de Adonis amo.


Las rosas del jardín de Adonis
Son las que yo amo, Lydia, esas efímeras rosas

Que en el día de su nacimiento,
En ese mismo día, mueren.

La luz es eterna para ellas, pues
Nacen con el sol cuando ya ha salido, y se acaban
Antes que Apolo pudiera incluso iniciar
Su trayectoria visible.

Como ellas, déjanos hacer de nuestras vidas un día,-
Voluntariamente, Lydia, desconociendo
Que existe la noche antes y después
El poquito que perduramos.




Para ser grande, sé entero.


Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas
Por eso la luna brilla toda
en cada lago, porque alta vive.





Del heterónimo Álvaro de Campos


Lisbon revisited

Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al tiempo.
Con angustia del que tiene hambre de carne anhelo
no sé bien qué:
definidamente lo indefinido…
Duermo inquieto, y vivo en el soñar inquieto
de quien duerme inquieto, a medias soñando.

Me cerraron todas las puertas abastractas y necesarias.
Corrieron cortinas ante todas las hipótesis que podría
ver en la calle.
En el callejón que yo encontré no hay el número de
puerta que me dieron.

Desperté a la m isma vida que me había adormecido.
Hasta mis ejércitos soñados sufrieron derrota.
Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.
Hasta la vida tan sólo deseada me harta -hasta esa vida…
Comprendo a intervalos inconexos;
escribo en los lapsos de cansancio;
y es tedio hasta el tedio lo que me arroja a la playa.
No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón;
no sé qué islas del Sur imposible me aguardan, náufrago;
  o qué palmares de literatura me darán un verso al menos.

No, no sé esto, ni otra cosa, ni cosa alguna…
Y en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo que soñé,
en los campos últimos del alma, donde memoro sin causa
(y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),
en los caminos y atajos de las florestas lejanas
donde supuse mi ser,
huyen desmantelados, últimos restos
de la ilusión final,
mis ejércitos soñados, derrotados sin haber sido,
mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.

Otra vez vuelvo a verte,
ciudad de mi infancia pavorosamente perdida…
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí…
¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí viví, y aquí volví,
y aquí volví a volver y volver,
y aquí de nuevo he vuelto a volver?
¿O todos los Yo que aquí estuve o estuvieron somos
una serie de cuentas-entes ensartadas en un hilo-memoria,
una serie de sueños de mí por alguien que está fuera de mí?

Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte -Lisboa y Tajo y todo-
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí como en todas partes,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma errante por salones de recuerdos
con ruidos de ratas y de maderas que crujen
en el castillo maldito de tener que vivir…

Otra vez vuelvo a verte
sombra que pasa a través de sombras y brilla
un momento a una luz fúnebre desconocida
y entra en la noche cual estela de barco al perderse
en el agua que dejamos oír…

Otra vez vuelvo a verte,
mas, ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se rompió el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,
y en cada fragmento fatídico veo sólo un pedazo de mí,
¡un pedazo de ti y de mí!





Tabaquería



No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe
quién es
(Y si supiesen, ¿qué sabrían?),
Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
A una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace
blancos los cabellos de los hombres,
Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de
nada.
Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la
calle
La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al arrancar.
Estoy hoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí por la ventana trasera de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos.
Pero allí sólo encontré yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de
pensar?
¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa!
¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber
tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se piensan en sueños genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno,
No habrá sino un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay tantos locos deschavetados con
tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
No están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
Y quién sabe si realizables,
¿Nunca verán la luz del sol real ni hallaran oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón.
He abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que
Cristo.
Hice filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para esto,
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie
de una pared sin puerta,
Y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
Y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Que me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
Y lo demás que venga si viene o que tenga que venir, o que no
venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero nos despertamos y él es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, niña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los
chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú
los comes!
Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,
Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)
Pero queda al menos de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico hendido hacia lo Imposible.
Pero al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin motivo, para el decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua con vida,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
Todo eso, sea lo que fuera, lo que sea, si puede inspirar ¡qué
inspire!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco
Me invoco a mí mismo y nada encuentro.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan.
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como un condena al destierro,
Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
En cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni
creído
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer
nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan
la cola
Y que es cola más acá del lagarto que se retuerce.
Hice de mí lo que no supe,
Y lo que pude hacer de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me
perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la arrojé y me vi en el espejo,
Ya había envejecido.
Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la mascara y dormí en el vestidor
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosas que yo hice,
Y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Pisoteando la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete con el que tropieza un borracho
O la esterilla que los gitanos roban y no vale nada.
Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó
en ella.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza torcida
Y con la incomodidad de una alma que mal entiende.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré versos.
Y un día morirá el letrero y también mis versos.
Después morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como nosotros
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de las
cosas como letreros,
Siempre una cosa frente a otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra.
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
misterio de la superficie,
Siempre ésta o aquella cosa o ni una ni la otra cosa.
Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como mi camino,
Y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es la consecuencia de una
indisposición.
Después me reclino en la silla
Y sigo fumando.
Seguiré fumando hasta que el Destino me lo permita.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez sería feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo
del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
Tabaquería sonrió.






 Pessoa "Al volante del chevrolet"


"Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra", Fernando Pessoa (Alvaro de Campos)
[


Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,
al luar y al sueño por la carretera desierta,
conduzco a solas, conduzco casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo porque un poco me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa atrás dejada o Sintra a la que llegar,
que sigo, ¿y que más puede haber en seguir sino no parar, proseguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
mas cuando llegue a Sintra me apenará no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre
esta desmedida angustia del espíritu por nada
en la carretera de Sintra o en la carretera del sueño o en la carretera de la vida...

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante
galopa por debajo de mí conmigo el automóvil prestado.
Sonrío del símbolo al pensarlo, y al girar a la derecha.
¡Con cuántas cosas prestadas voy yendo por el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!

A la izquierda la casucha -sí, casucha- al borde del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hasta hace poco parecía darme libertad,
es ahora una cosa en donde estoy encerrado,
que sólo puedo conducir si en ella estoy encerrado,
que sólo domino si me incluyo en ella y ella me incluye a mí.

A la izquierda, ya atrás, la casucha modesta, menos que modesta.
Allí la vida debe ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio por la ventana soñará: ese sí que es feliz.
Para el niño que atisbaba detrás de los cristales de la ventana de arriba
tal vez yo haya quedado (con el automóvil prestado) como un sueño, como un hada real.
Para la muchacha que al oír el motor miró por la ventana de la cocina,
desde el piso de abajo,
tal vez yo fuese algo así como el príncipe que hay en todo corazón de muchacha,
y de reojo pegada al cristal me siguiese hasta la curva en que me perdí.




Todas las cartas de amor son ridículas...*
Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).

**Heterónimo A. Campos
Versión de Miguel Ángel Flores

 



Poema en línea recta
Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.
Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de las formalidades,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que fui todavía más ridículo cuando la abrí;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
yo que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos.
Yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.

La gente que conozco y con la que hablo
nunca cayó en ridículo, nunca fue insultada,
nunca fue sino príncipe - todos ellos príncipes - en la vida...

¡Ah, quien pudiera oír una voz humana
confesando no un pecado sino una infamia;
contando no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez fue vil?
¡Oh príncipes, mis hermanos!

¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?

Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados - ¡pero ridículos nunca!
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que he sido vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.

Fernando Pessoa



Tema 6 Pau Mujeres escritoras

Virginia Woolf



Las horas (2002) 

 dirigida por Stephen Daldry. Con Meryl Streep, Julianne Moore, Nicole Kidman, Ed Harris
Resultado de imagen de las horas nicole kidman
Lo primero, una obviedad: como la historia social, la historia de la literatura ha sido escrita por hombres, y estos se han mostrado muy cicateros a la hora de reconocerles méritos a las escritoras. Y otra obviedad, si la liberación de la mujer del yugo masculino se cifra en el comienzo de la llamada Modernidad (siglo XIX) con el Romanticismo, la nómina de escritoras anteriores será más bien escasa; no obstante intentaremos una reflexión sobre la escritora antes de su normalización (rescatando algunos nombres), y por supuesto en el último siglo casi en igualdad de oportunidades con los hombres (y la calidad de las autoras seleccionadas es elocuente)

Salvo el islote magnífico de la poeta Safo, apenas conocemos escritoras en época clásica grecolatina y mucho menos en los “siglos oscuros de la Edad Media” tan dada a guerreros y clerecía. En el origen de la lírica más intimista, nos encontramos con poemas puestos en boca de mujer que de manera delicada (y bellísima) se quejan de “mal de amores”, del marido o amante ausentes. Pero ni una sola mujer firma los primeros poemas con autoría.
Tienen que pasar varios siglos hasta llegar al  Barroco, época convulsa que se asemeja –en mucho- al Romanticismo. Y así surge una poeta Sor Juana Inés de la Cruz (Méjico      1651-1695)que conviene analizar no sólo por la calidad de su obra, sino por lo que representa. El poeta mejicano Octavio Paz escribió un magnifico ensayo ( “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”) y el título ya deja entrever que una de las escasas posibilidades que tenía una mujer para desarrollar la escritura era tomar los hábitos, ampararse en la vida de convento.
No debemos olvidar a  la española (Avila) Santa teresa de Jesús (1515-1582) que desde su misticismo radical (consideradi herético por muchos religiosos) dota de un sorprendente erotismo su acercamiento y unión con Dios

Por seguir con monjas problemáticas En 1669 aparecía en París un pequeño volumen titulado Cartas portuguesas que contenía las cinco misivas que Mariana Alcoforado, monja portuguesa del convento de Beja, en el Alentejo, había escrito al conde Chamilly, capitán de la caballería francesa que había participado en el asedio de Ferreira. La historia que había unido a ambos personajes nada tiene de particular: Mariana había sido seducida por el conde y éste, olvidadizo, había partido para Francia dando por terminada su aventura. Sin embargo, estas cartas pasaron a la historia como una de las más rotundas expresiones del amor femenino: la monja portuguesa, abnegadamente enamorada, escribía desde su celda dando rienda suelta a su pasión ensimismada, a sus quejas y desvaríos, y dejando un testimonio imperecedero -sea o no real su autoría-, un auténtico breviaro de amor.

Pero es en el siglo XIX, como ya se dijo, (arranque de lo que se denomina Modernidad) con las revoluciones sociales de todo tipo, y los movimientos estéticos del Romanticismo y Realismo, cuando las escritoras se tutean con sus coetáneos hombres y en ocasiones con resultados superiores. Sobre todo en Inglaterra con autoras como Jane Austen (Orgullo y prejuicio), las hermanas Bronté (Cumbres borrascosas 1847) o Mary Shelley.

Mary Shelley creó un mito universal Frankenstein  (1818) una noche que se encontraba con Lord Byron , su marido P. B. Shelley y Polidori. Byron les  retó a ver quién escribía la historia más terrorífica. Los demás publicaron sus relatos, pero quedó para la historia ese monumento gótico al ser deforme que viene de entre los muertos y desafía a los mismos dioses.
En España también tenemos casos muy valiosos como las gallegas
Rosalía de castro (romántica) y la realista Emilia Pardo Bazán, Por cierto, la realista Cecilia Bohl de Faber firmaba Fernan Caballero; el seudónimo en las mujeres era habitual para evitar los prejuicios de los hombres

El siglo XX se abre con escritoras interesantísimas, caso de la neoyorquina
Edith Wharton y su novela La edad de la inocencia (1920). Con una prosa minuciosa e irónica, urde una historia de amores ilícitos que en el fondo se ríe de la rígida moral de un aristocracia urbana encorsetada y que se estaba desmoronando
Pero la figura femenina que realmente marca las primeras décadas del siglo XX es Virginia Woolf, hasta el punto de que su influencia aún no se ha apagado. En un momento de  búsqueda de nuevos caminos estéticos , Virginia Woolf condensa lo mejor de esas décadas pioneras: la conciencia de que los relatos ocurren sobre todo a un nivel sicológico (magistral la señora Dalloway (1925), donde narra un día en la vida de  una mujer), de que lo poético es parte de lo narrativo (Las olas 1931), de que un narrador múltiple y un tiempo fragmentario capta mejor la realidad que el relato clásico

Y clásico, pero enormemente evocador es Memorias de Africa  (1937), de la danesa Karen on v Blixen, que firmaba Isac Dinesen. Es un relato autobiográfico donde la baronesa narra su aventura en Kenia, cuando junto con su marido invierte toda  su fortuna en poner en marcha una granja y un cafetal. El libro en muchas cosas: un reflejo del amor a una naturaleza hipnótica, un deseo de comprender a las tribus masai y kikuyu, una historia de amor trágica (lo saben quienes han visto la película protagonizada por Robert Redford )
Y también es la crónica de una mujer que tuvo que sobreponerse a la fatalidad y al machismo de un tiempo colonizador.

A continuación, mencionamos autoras que con su estilo y temática marcaron el devenir literario del siglo XX

Carson McCullers (1917-1967) nos propone la decadencia del Sur estadounidense mediante el retrato de sus miserables protagonistas; no puede dejar de sentir cierta ternura por sus personajes. Su obra, reducida a cuatro novelas y un par de colecciones de relatos, nos muestra un mundo desolador poblado por sordomudos, mirones, niñas que buscan refugio en su fantasía..
Novelas ·  El corazón es un cazador solitario (1940)  Reflejos en un ojo dorado(1941))La balada del café triste (1951)
Marina Tsvatáieva en Un espíritu prisionero recoge fragmentos de su  diario correspondientes a 1918 y 1919, relatos como "El novio" (1933), "El chino" (1934) o "Tu muerte" (1917), una selección de poemas, y el texto que da título al volumen y en el que la escritora reconstruye la vida literaria de los años veinte y treinta dentro y fuera de Rusia.
Jane Bowles       (click aquí)      A pesar de su escasísima obra narrativa –tan sólo la novela Dos damas muy serias y el libro de relatos Placeres sencillos–, la figura de Jane Bowles («esa leyenda moderna», como la calificó Truman Capote) se ha convertido en los últimos tiempos en una «figura de culto». Dos damas muy serias (1943)relata el itinerario de dos mujeres muy diferentes, en busca de su independencia y de su autenticidad. Christina Goering, rica, solterona y proclive al misticismo, busca su salvación luchando contra su naturaleza, es decir: forzándose a aventuras con desconocidos. En tanto, Frieda Copperfield quiere lograr su felicidad terrenal y no vacila en abandonar a su marido para irse a vivir con Pacífica, una joven prostituta panameña. Un doble itinerario, entre la soledad y la auto-destrucción, sin embargo tratado con un traicionero sentido del humor y comicidad .

Patricia Higsmith  Mientras en las novelas habituales del género policial la trama gira en torno al esclarecimiento de un crimen, en las suyas, Patricia Highsmith (1921-1995) prefirió profundizar en la mente de sus personajes y ahondar en la ambigüedad moral del ser humano. Veintidós novelas, diez volúmenes de relatos, un par de ensayos, voluminosos diarios y una copiosa correspondencia ha dejado la escritora estadounidense que utilizó sus propios conflictos interiores como materia prima para crear relatos que se apartan del canon de la novela policial clásica o de misterio para ingresar en los enigmas interiores de las personalidades anómalas, representadas éstas en sus libros por personajes complejos y tortuosos. Tenía debilidad por Europa. Y le transmitió su antojo a su creación, Tom Ripley, uno de los malvados más pertubadores y elegantes de la ficción. Ripley es un enamorado de la belleza y la clase. Aquí no hay callejones sino playas mediterráneas, ciudades monumentales, palacios renacentistas y cócteles en la Riviera

Tony Morrison Escritora estadounidense, Premio Nobel de Literatura en 1993. Morrison es activista contra el racismo y a favor de la igualdad de derechos de las personas negras.  En sus novelas, basadas en la injusticia social que han vivido las sociedades de afroamericanos y en la afirmación de la identidad cultural de los mismos, contrastan siempre los elementos fantásticos y mágicos con la cruda realidad que viven sus protagonistas.


Una de sus novelas más conocidas es Beloved, que también obtuvo el Premio Pulitzer en 1988, fue llevada al cine en 1998 por el cineasta J. Demme.


Y dejamos para el final a   Amélie Nothomb  Todos sus libros tratan de  las fronteras y esa maraña cosmopolita tejida en su obra quizás sea la clave del éxito global que disfruta. Las fronteras exteriores e interiores. Otras cosas también. Asuntos serios como su obsesión por la identidad, y a la vez otros rasgos más livianos, pero no menos determinantes. Una frescura y un  descaro. Un estilo directo y mordaz. Entre irónico y nihilista, siempre rápido, brillante, sorprendente, sujeto a una extraña compulsión que le lleva a escribir a veces más de tres historias al año, aunque sólo publique una.





6.2 La literatura de extranjería

Tema Pau  6. 2  La literatura de extranjería.

Los viajes de Marco Polo, las crónicas de Indias, las Cartas  persas de Montesquieu, las Cartas Marruecas de Cadalso… También podemos ver el contraste  de civilizaciones en los viajes en el tiempo: Un yanqui
en la corte del Rey Arturo, Kate y  Leopold, La máquina del tiempo



Vamos a abordar una buena parte de este tema desde la perspectiva del viaje y su reflejo en la literatura, puesto que esa mirada de extrañeza del que llega y se instala suele surgir desde el anhelo de un viaje inicial e iniciático (transfigurador) Así nos parece que ocurre en las obras propuestas y algunas otras que iremos comentando
El viaje, tema principal de muchas obras literarias, toma formas muy distintas en sus descripciones novelescas. Su forma literal es la que nos da noticia de todas las peripecias que vive el viajero en el transcurso de un trayecto complicado y peligroso. Tal es el caso de uno de los mitos fundacionales (literatura clásica griega): Ulises, héroe de la Odisea, de Homero.  Kavafis (comienzos de siglo XX) nos lo rescata en un famoso poema poniéndolo de ejemplo de cómo la tierra extraña nos enriquece y nos quita los miedos absurdos
En otras narraciones, el tema está centrado en la descripción de aquel lugar lejano y exótico donde el viajero acaba de llegar y donde vivirá su aventura apasionada. Esto vale sobremanera para figuras inaugurales como la de Marco Polo Marco Polo (1254-1324) es el icono universal de la aventura y el descubrimiento, ha inspirado más de seis siglos de fascinación popular y de mitologías falsas. Es el más celebrado de los exploradores europeos a Asia, el primer viajero global y el más antiguo de los puentes entre Oriente y Occidente Marco Polo es la crónica de un hombre que extendió las fronteras del conocimiento y la imaginación de su época que, a su vez, invita al lector de hoy a viajar a los límites de la historia. Y las historias que cuenta Marco Polo son fascinantes. Como su conocimiento del emperador de Mongolia Kublai Khan  y su pasión por la ciudad de Xanadú.
El poeta romántico inglés Coleridge (siglo XVIII) tuvo un sueño con esa historia, y Borges otro. Así lo cuenta Borges
"Un emperador mogol, en el siglo XIII, sueña un palacio y lo edifica conforme a la visión; en el siglo XVIII, un poeta inglés que no pudo saber que esa fábrica se derivó de un sueño, sueña un poema sobre el palacio. “

Esa mirada maravillada de explorador se percibe sobremanera en las llamadas Crónicas de Indias. Cristóbal  Colón inaugura en sus Cartas, una larga serie de crónicas dedicadas a la descripción de múltiples aspectos de la naturaleza y de las culturas americanas recién descubiertas, entrelazados con los propios hechos de los españoles en el largo proceso de colonización de los reinos de Indias
Le seguirán cronistas como    Bernal Díaz del Castillo, Inca Garcilaso de la Vega, Hernán Cortés, López de Gómara…….

La ilustración dio otro sesgo a la mirada del extranjero sobre el territorio nuevo. A este respecto, famosas son las Cartas persas (1721)de Montesquieu y sobre el mismo patrón, las Cartas marruecas (1789) de Cadalso.  Las "Cartas persas" es la obra germinal de la novela epistolar y de intención satírica. Mediante el recurso de las cartas de personajes extranjeros se satirizan las instituciones y costumbres propias. Los personajes, portadores de una nueva mirada, dejan en evidencia con su aparente ingenuidad, la autocomplacencia de la sociedad francesa y española en la bondad de su vida y usos sociales.

Por otro lado la literatura está repleta de viajes que participan de una doble realidad física y simbólica: los numerosos viajes iniciáticos de Julio Verne, de los cuales no es el menos significativo el que hace a regañadientes el héroe Àxel al centro de la tierra, el seno de la madre, desde donde renacerá como hombre nuevo; los viajes de Gulliver mediante los cuales su autor, Jonathan Swift, hace un análisis de la naturaleza humana, con una visión escatológica única en la literatura occidental, que representa una ofensa a las pretensiones y al orgullo de la humanidad; los viajes exóticos como los de Simbad el marino, o los hechos por Alicia en un caluroso día de verano en tierra de maravillas y que, al igual que  Axel, su viaje fue un descenso al fondo de la tierra.


Un viaje trágico, sin retorno, es lo que hace Kurtz, en El corazón de las tinieblas(1899) ,relato magistral de Joseph Conrad. Aquí nos encontramos con dos tipos de viajeros: uno encarnado por el capitán de barco inglés, Marlow, alter ego del mismo Conrad, valiente y cauteloso al mismo tiempo, que conservará su integridad hasta el final, y el otro, encarnado por el comerciante, también inglés, Kurtz, más inconsciente o si se quiere más débil, que, al no tener en su interior la capacidad de dominar sus propios instintos llegará en su viaje hasta esta región oscura y selvática de Africa que se encuentra en el corazón del fondo del hombre. Marlow volverá de este viaje y llegará a Inglaterra consciente de no ser la misma persona que era cuando partió para aquella travesía al corazón de las tinieblas.


En toda aventura hacia países desconocidos o, sencillamente, diferentes a los nuestros propios, siempre se produce un fenómeno que la ficción literaria ha sabido describir con algunos ejemplos ilustres. El encuentro del "otro", de todo aquello que nos es desconocido y diferente, puede convertir un viaje que nació como proyecto lúdico en una experiencia capaz de trastornar los principios más firmes del viajero. E.M. Forster en Pasaje a la India (1924) hace un retrato de la India bajo la soberanía británica, del conflicto que provoca el choque entre oriente y occidente y de los prejuicios y malentendidos a que está condenada la buena voluntad para un verdadero encuentro entre las dos mentalidades.


Uno de los temas más seductores de la literatura es el del viaje fantástico e iniciático. Este tema del gran viaje lo encontramos, de forma más pura, en los grandes poetas de la antigüedad, también en Sherezade, cuando contaba la historia de Simbad el marino, más tarde lo reencontramos, tratado con una intención cristiana, en las novelas de caballería.
Cuando Herbert George Wells publicó su novela La máquina del tiempo, en el año 1895, revolucionó la literatura existente sobre viajes en el tiempo. 
En las letras anteriores habían viajeros en el tiempo, como por ejemplo
Un yanki en la corte del Rey Arturo de Mark Twain, o las leyendas de Rip Van Winkle, o la de los Siete Durmientes (estas dos últimas, basadas en la idea del durmiente que despierta muchos años después). Wells describe acertadamente al tiempo como la "cuarta dimensión", y señala la posibilidad de moverse a través de éste. Wells describe una sociedad futurista abiertamente distópica, a contracorriente del optimismo utópico de su tiempo. En la obra de Wells, los eloi, descendientes de la aristocracia, son estúpidos, aburguesados y oprimidos, y le sirven como ganado humano a los morlocks, descendientes de los obreros industriales a quienes el maquinismo ha degradado al canibalismo y la infrahumanidad

La mirada del extraño sobre una sociedad nueva es un motivo de la literatura casi inabarcable. No dejaremos de mencionar los nuevos modos que origina la posibilidad en nuestro presente  de viajar, emigrar, instalarse casi sin fronteras ni cortapisas. En esta aldea global en que se ha convertido para muchos el mundo, novelas como Estupor y temblores (2004), de Amélie Nothomb pone de manifiesto la gran diferencia entre las culturas de oriente y occidente, sobre todo en el mundo empresarial, que es descrito de forma despiadada: la penalización de la iniciativa propia de los empleados (tomar una iniciativa sin consentimiento del jefe es algo indigno); el control absoluto de los sentimientos; las fórmulas burocráticas que exigen incluso que se repita ante cada uno de los superiores jerárquicos la petición de renuncia.

Concluyendo con palabras de Michel Foucault: "El héroe  ha venido a buscar una verdad que conocía de lejos, vislumbrada ante sus ojos inocentes. Esta verdad no es encontrada por él, ya que era la verdad de su deseo o de su vana curiosidad; y, en cambio, una realidad insospechada le es revelada, más profunda, más sombría que la que le era familiar: esta realidad es él mismo y el mundo transfigurados el uno para el otro ".

TEMA 6 PAU: La imagen de la mujer en la literatura

Literatura clásica
A pesar de la marginación de la vida pública a la que las mujeres estaban sometidas en la antigua Grecia, en la literatura clásica encontramos personajes femeninos que han pasado a formar parte de la tradición occidental.

Sin embargo, a menudo encontramos ya arquetipos negativos como el de la mujer malvada que, con sus artes de seducción ,lleva al desastre al hombre. Sería el caso en la Odisea de Circe, que convierte en animales a los hombres de Ulises, o de las sirenas, cuyos cantos melodiosos hacen que los marineros se estrellen.
Otro ejemplo de mujer bella que lleva al hombre al desastre sería Helena de Troya, cuyos encantos son el desencadenante de la guerra que se narra en la Ilíada: Paris, príncipe troyano, se fuga con ella, que es la esposa del griego Menelao. Aunque Helena no es la culpable directa (en muchas versiones Paris la rapta), estamos ante el arquetipo de la belleza de la mujer como desencadenante del mal.
Sin embargo, también hay personajes femeninos caracterizados de manera positiva como Penélope, la fiel esposa de Ulises en la Odisea (que le espera durante años e inventa tretas para mantener alejados a sus pretendientes).

Una heroína más activa sería Antígona (tragedia escrita por Sófocles), que  hace valer sus convicciones ante la tiranía del rey Creonte. En la comedia tendríamos a Lisístrata (comedia de Aristófanes), que encabeza una rebelión de las mujeres atenienses para lograr que los hombres acaben con la guerra utilizando el único elemento que les da poder sobre ellos, el sexo.

Edad Media: la mujer-Eva y la mujer-María


La visión de la mujer como causante de desgracias que veíamos en la literatura clásica está presente en la tradición cristiana a través de Eva, cuya debilidad al caer en la tentación de probar el fruto que el diablo le ofrece es la causante de la expulsión  del hombre del Paraíso y la entrada del mal en el mundo. Así, en la literatura medieval encontramos dos prototipos opuestos: la “mujer Eva”, cuya debilidad la lleva a caer en el pecado, astuta y que lleva al hombre a la perdición a través de sus encantos físicos y la “mujer María”, pura y sumisa.Estos arquetipos aparecen, por ejemplo, en las colecciones de exempla (relatos con un objetivo didáctico). Una de ellas tiene el título de Sendebar o Libro de engaños de las mujeres (colección de cuentos orientales difundidos en Europa). En este, la esposa del rey intenta seducir a su hijo y, al ser rechazada, le calumnia, por lo que le condenan a muerte. Este argumento es la excusa para un duelo de relatos entre los consejeros del rey (que advierten de la naturaleza engañosa de la mujer) y la esposa.
En El conde Lucanor, de don Juan Manuel (obra que bebe también de la tradición oriental de relatos) tenemos representados estos estereotipos en personajes como el de “Lo que sucedió a un mancebo que casó con una muchacha muy rebelde”, en el que se cuenta el proceso de “doma” de una “mala esposa” a través de la intimidación, y el de doña Vascuñana, una esposa tan ejemplar que que toma por verdad suprema la palabra de su esposo aunque contradiga lo que ella misma percibe por los sentidos.
En los siglos XIV y XV se da un debate entre profemeninos y misóginos. Algunos autores como Bocaccio participan escribiendo obras que apoyan los argumentos de ambos bandos: biografías de mujeres virtuosas y Corbaccio o Laberinto de amor, argumentación de que no merece la pena sufrir por el amor de las mujeres a través de la exposición de sus defectos (infieles, vanidosas…)
La mujer es un animal imperfecto, agitado por mil pasiones desagradables y abominables (…) lo que si los hombres mirasen como debían, no de otra manera se acercarían a ellas, ni con otro deleite y apetito que como van a las naturales e inevitables necesidades.

Renacimiento: el amor cortés
El amor cortés es una corriente que proviene de los trovadores provenzales del siglo XII. Se consolida con el Dolce stil nuovo de Petrarca y Dante, que marcará la poesía amorosa de los siglos XV-XVII.
La imagen de la mujer es la de la donna angelicata: La mujer es un ser divinizado e inalcanzable. Su belleza es el reflejo de la bondad del alma y esta a su vez es un reflejo de la belleza divina. El amor a la dama eleva espiritualmente al poeta.
Esa belleza obedece a un canon muy marcado y cuya descripción se convertiría en tópico. Esas mujeres idealizadas se convierten en musas para los poetas: Laura para Petrarca, Beatriz para Dante. Ambos les dedican poemas después de su muerte (incluso se duda si existieron).

Dónde halló el oro Amor, dónde la vena,
con que hizo sus dos trenzas? ¿En qué espinas
las rosas? ¿En qué prados las albinas
nieves del rostro que de aliento llena?

¿Dónde las perlas en que rompe y frena
palabras, como honestas, peregrinas?
¿Dónde tantas bellezas tan divinas
de frente más que el cielo aún serena?

¿A qué ángeles hurtó en su esfera y cumbre
el celeste cantar con que en sollozo
tal me acaba que apenas me mantengo?

¿De qué sol procedió la altiva lumbre
de aquellos ojos por que peno y gozo
y el pecho en fuego y hielo hirviendo tengo? (Petrarca)



El poeta es un vasallo que sirve a la mujer sin esperar una satisfacción a cambio (a menudo que sea una mujer casada forma parte del tópico). Visión del amor como fuente inevitable de dolor y frustraciones, nunca se logra la posesión.
A veces la amada aparece como cruel e insensible a los sufrimientos del amado. Aunque el amor cortés se contrapone a la visión misógina, también deshumaniza a las mujeres al presentarlas como seres angélicos.
Romanticismo
La mujer aparece de manera positiva en el arquetipo del ángel de luz que redime al hombre (doña Inés en Don Juan Tenorio). Idealización, mujer inalcanzable:

Yo soy un sueño, un imposible, 
vano fantasma de niebla y luz;
 soy incorpórea, soy intangible; 
no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú! (Bécquer).
Por otro lado, el arquetipo de la mujer malvada permanece en personajes tan conocidos como Carmen (Prosper Merimée): gitana que lleva a un hombre a la perdición arrastrándole a una vida de bandolero para luego abandonarle y es asesinada por él.
En la novela gótica tenemos personajes sobrenaturales siniestros y seductores como la vampiresa Carmilla (Sheridan Le Fanu). Anterior a Drácula, influyó a Stoker. Al igual que los vampiros masculinos, intenta seducir y llevar a la perdición a una joven doncella, por lo que encontramos elementos homoeróticos (evidentemente, tratados de manera muy negativa).

Realismo

En la literatura realista del siglo XIX encontramos un arquetipo que se repite  a lo largo de varias de las novelas más importantes de esta corriente: Madame Bovary (Gustave Flaubert)/Anna Karenina (León Tolstoi)/La Regenta (Leopoldo Alas “Clarín”).
Es el de las adúlteras, mujeres insatisfechas por el choque entre sus aspiraciones y una realidad monótona y asfixiante. Esa frustración las empuja a la infidelidad. Sufren un final trágico (suicidio en las dos primeras, marginación por parte de una sociedad hipócrita en la última), pero no están tratadas con el tono moralizante que existía en la Edad Media contra las mujeres que desafiaban la autoridad de sus esposos: son personajes complejos, con virtudes y defectos, cuyas dudas se reflejan a través de un minucioso tratamiento de su psicología.
¿Cómo es el tratamiento de la figura femenina en la actualidad?
Una manera de reflexionar sobre hasta qué punto la mujer aparece representada en el arte en igualdad de condiciones con el hombre es el test de Bechdel. Para cumplirlo, una narración debe cumplir las siguientes premisas:
-En la narración salen al menos dos personajes femeninos.
-Dichos personajes se hablan la una a la otra en algún momento.
-Dicha conversación tiene que tratar de algo más que no sea un hombre.


Entre 2000 y 2016, es decir, ya en el siglo XXI, solo el 55% de las 108 películas nominadas a Mejor Película en los Oscar pasan el test de Bechdel.